jueves, 6 de diciembre de 2012

Gracias al telescopio espacial Herschel de la ESA, un equipo de astrónomos ha descubierto dos inmensos cinturones de cometas que rodean a dos sistemas planetarios en los que sólo hay planetas pequeños. Estos cometas podrían haber formado océanos capaces de albergar vida en sus planetas interiores.
 
En otro estudio realizado con Herschel, se había descubierto que el disco de polvo que rodea a la estrellaFomalhaut se mantenía gracias a una tasa vertiginosa de colisiones entre cometas.
Recientemente, se ha confirmado que los sistemas planetarios GJ 581 y 61 Vir también albergan una gran cantidad de residuos cometarios.
Herschel detectó polvo frío, a unos -200°C, en tal cantidad que se piensa que estos sistemas podrían tener al menos 10 veces más cometas que el Cinturón de Kuiper, en nuestro Sistema Solar.
GJ 581, o Gliese 581, es una estrella enana de tipo M, el más común de la Galaxia. Estudios previos desvelaron que tiene al menos cuatro planetas, y uno de ellos en la ‘Zona Goldilocks’ – la distancia a la estrella central a la que podría existir agua líquida en la superficie del planeta.
También se ha confirmado la presencia de dos planetas en órbita a 61 Vir, una estrella de tipo G un poco menos masiva que nuestro Sol.
Los planetas descubiertos en estos dos sistemas son de la clase conocida como ‘Súper Tierras’, cubriendo un rango de entre 2 y 18 veces la masa de nuestro planeta.
Curiosamente, no se han encontrado pruebas que indiquen la existencia de planetas del tamaño de Júpiter o de Saturno en ninguno de los dos sistemas.  



Se piensa que la interacción gravitatoria entre Júpiter y Saturno causó una perturbación sobre el Cinturón de Kuiper, antaño densamente poblado, que desencadenó un diluvio de cometas hacia los planetas interiores, un cataclismo que duró varios millones de años.
“Estas nuevas observaciones nos dan una pista: en nuestro Sistema Solar tenemos planetas gigantes y un Cinturón de Kuiper relativamente despoblado, pero los sistemas en los que sólo hay planetas pequeños suelen estar rodeados por cinturones de Kuiper mucho más densos”, explica Mark Wyatt, de la Universidad de Cambridge, y autor principal del artículo que estudia el disco que rodea a 61 Vir.
“Pensamos que la carencia de un planeta del tamaño de Júpiter libró a estos sistemas de un dramático bombardeo. No obstante, podrían estar sometidos a una lluvia de cometas gradual, activa a lo largo de miles de millones de años”.
“Para una estrella antigua como GJ 581, que tiene al menos dos mil millones de años, ya ha pasado el tiempo suficiente como para que esta lluvia de cometas haya aportado una cantidad de agua considerable a los planetas interiores. Esto es especialmente importante en el caso del planeta que se encuentra en la zona habitable de la estrella”, añade Jean-François Lestrade, del Observatorio de París, quien ha dirigido el trabajo sobre GJ 581.
Sin embargo, para generar la inmensa cantidad de polvo detectada por Herschel, es necesario que se produzcan colisiones entre los cometas, que podrían estar desencadenadas por la perturbación gravitatoria de un planeta del tamaño de Neptuno en las inmediaciones del disco.
“Las simulaciones indican que los planetas que conocemos en cada uno de estos sistemas no serían capaces de generar tal perturbación. Sin embargo, un planeta similar situado mucho más lejos de la estrella – de hecho, más allá del rango de nuestras observaciones – podría alterar el disco y hacerlo polvoriento, y por lo tanto observable”, aclara Lestrade.
“Herschel está descubriendo una correlación entre la presencia de inmensos discos de residuos y los sistemas que carecen de planetas del tamaño de Júpiter, lo que ofrece una nueva pista para comprender la formación y la evolución de los sistemas planetarios”, concluye Göran Pilbratt, Científico del Proyecto Herschel para la ESA. 

Se descubre el mejor planeta errante sin estrella


El mejor candidato a planeta errante, que ha sido localizado por astrónomos de varios países, es un cuerpo celeste que está a una distancia de unos 100 años luz de la Tierra, señalan sus descubridores, un equipo de astrónomos de varios países que ha utilizando el telescopio VLT (Very Large Telescope) de ESO y el telescopio Canadá-Francia-Hawai. La existencia de planetas solitarios, que vagan fuera del Sistema Solar sin orbitar una estrella, está por confirmar, aunque ya se han encontrado antes posibles ejemplos de objetos de masa planetaria. Hasta ahora, al no poder conocer las edades de los posibles planetas errantes, los astrónomos no podían saber si se trataba de planetas o de enanas marrones —estrellas fallidas que perdieron la masa necesaria para desencadenar las reacciones que hacen brillar a las estrellas—. El posible exoplaneta ahora descubierto es el más cercano al Sistema Solar de este tipo y su relativa proximidad, así como la ausencia de una estrella brillante cercana, han permitido al equipo estudiarlo con gran detalle, tal como publican en la revista Astronomy & Astrophysics.
El objeto observado parece formar parte de un grupo cercano de estrellas jóvenes conocido como asociación estelar de AB Doradus, el grupo de este tipo más cercano al Sistema Solar. Sus estrellas van a la deriva, juntas por el espacio, y se cree que se formaron al mismo tiempo. Si el objeto está asociado a este grupo en movimiento —y por tanto es un objeto joven— es posible deducir aún más cosas sobre él, incluyendo su temperatura, su masa, y de qué está compuesta su atmósfera, informa ESO, aunque existe una pequeña posibilidad de que la relación con esta asociación estelar sea fortuita. Si se confirma la relación se podrá poner un límite de masa al planeta de aproximadamente entre cuatro y siete veces la masa de Júpiter, con una temperatura efectiva de unos 430 grados centígrados. La edad del planeta sería la misma que la de la propia asociación estelar, entre 50 y 120 millones de años.
El lazo entre el nuevo objeto y la asociación estelar es la clave que permitirá a los astrónomos deducir la edad del nuevo objeto descubierto. Se trata del primer objeto de masa planetaria aislado identificado en una asociación estelar, y su relación con este grupo lo convierte en el candidato a planeta errante más interesante de los identificados hasta el momento, según los astrónomos.
Este cuerpo celeste también ofrece un anticipo del tipo de exoplanetas que futuros instrumentos quieren observar en torno a otras estrellas.“Buscar planetas alrededor de sus estrellas es similar a estudiar una mosca sentada a un centímetro de un distante y potente faro de coche”, afirma Philippe Delorme (Instituto de Planetología y Astrofísica de Grenoble), investigador principal del nuevo estudio. “Este objeto errante cercano nos da la oportunidad de estudiar la mosca con detalle sin la deslumbrante luz del faro estorbándonos”.
Se cree que los objetos errantes se forman como planetas normales que han sido expulsados del sistema que los albergaba o como objetos solitarios como las estrellas más pequeñas o enanas marrones. “Estos objetos son importantes, ya que pueden ayudarnos tanto a comprender más sobre cómo pueden eyectarse planetas de sistemas planetarios, como a entender cómo objetos muy ligeros pueden resultar del proceso de formación de una estrella”, afirma Philippe Delorme. “Si este pequeño objeto es un planeta que ha sido eyectado de su sistema original, nos proporciona la asombrosa imagen de mundos huérfanos, a la deriva en el vacío del espacio”.

martes, 20 de noviembre de 2012

Los astrónomos han detectado cómo una estrella agonizante similar a nuestro Sol volvía a cobrar vida tras expulsar sus capas más externas al espacio. Este fenómeno puede ser muy similar al destino que afrontará nuestro Sistema Solar dentro de unos pocos miles de millones de años.
 
Una ‘nebulosa planetaria’ es el nombre que reciben las capas, a veces concéntricas, de material expulsado por una estrella en los últimos momentos de su vida. 

Hoy en día sabemos que se producen cuando una estrella con una masa menor que ocho veces la de nuestro Sol se infla en las últimas etapas de su vida hasta convertirse en una gigante roja. Durante este proceso, fuertes pulsaciones y un viento estelar intenso arrastran sus capas más externas, que son expulsadas al espacio.
La radiación ultravioleta emitida por el núcleo resultante ilumina las capas de materia expelida, dando lugar a complejas obras de arte que somos capaces de contemplar con la ayuda de los telescopios modernos.
La estrella en el corazón de Abell 30 se enfrentó por primera vez a la muerte hace 12.500 años – en una escala terrestre – cuando un lento y denso viento estelar la despojaron de sus capas más externas.
Ante los telescopios ópticos, los restos de esta etapa evolutiva se muestran como una gran cáscara brillante, prácticamente esférica, que se expande por el espacio.
Hace unos 850 años, la estrella volvió a cobrar vida, tosiendo violentamente nudos de helio y materia rica en carbono.
La capa externa de la estrella se expandió brevemente durante este renacer, para luego volver a contraerse rápidamente, en apenas 20 años.
Como consecuencia de esta convulsión, el viento estelar se aceleró hasta alcanzar su velocidad actual de 4.000 kilómetros por segundo – más de 14 millones de kilómetros por hora.
A medida que este rápido viento avanza y se encuentra con vientos más lentos y con grumos de materia expelida por la estrella con anterioridad da lugar a complejas estructuras, entre las que destacan las delicadas colas, similares a las de los cometas, que se pueden ver cerca de la estrella central en esta imagen.
El viento solar bombardeando estos densos cúmulos de materia proporciona una escalofriante imagen del futuro que le podría esperar a la Tierra y al resto de planetas de nuestro Sistema Solar dentro de unos pocos miles de millones de años.
Cuando nuestro Sol emita su último aliento en el corazón de una nebulosa planetaria, su intensa radiación y viento solar acribillarán y evaporarán cualquier planeta que haya logrado sobrevivir la fase de gigante roja.
Si en ese momento alguna lejana civilización observa nuestro Sistema Solar, seguramente podrá ver el resplandor de las brasas de los planetas, emitiendo rayos X mientras son engullidos por el viento solar.  
 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Aquí os dejo un video sobre las constelaciones, el contenido es bastante interesante y la calidad es buena. Os animo a verlo y enriqueceros aún más sobre esa gran ciencia que es la astronomía.
Podrás observar durante el video como éstas se ven distintas según el lugar de la Tierra en el que te encuentres, y también, como estando en el mismo sitio, puedes obtener vistas distintas.
http://www.youtube.com/watch?v=IwRIu76TY-k

jueves, 1 de noviembre de 2012

Se descubren las supernovas más lejanas del universo

Astrofísicos australianos han detectado las dos supernovas más lejanas en el Universo, un hallazgo que acerca a los científicos a la observación de las estrellas que se formaron inmediatamente tras el fenónemo del  "Big Bang".

Ambos astros son supernovas superluminosas, con un brillo hasta cien veces superior al de una supernova normal, y que solo durante la explosión que las origina emiten más luz que la que producirá el Sol si llega a cumplir los 10 mil millones de años de existencia que prevén los científicos.

Este tipo de supernova es "extremadamente rara de encontrar" y, hasta ahora sólo se había detectado una en 2007, situada mucho más cerca de la Tierra que las dos descritas hoy.

Las dos supernovas observadas son el producto de la muerte de un par de estrellas muy masivas, que explotaron de una manera completamente diferente al resto de supernovas y con una gran intensidad. 

De hecho, la explosión de una sola de estas supernovas tenía el poder de detener el proceso de formación de un conjunto significativo de estrellas o, por el contrario, proporcionar el material necesario para acelerar este fenómeno.  

Esto significa que ambas se formaron hace entre 10 mil y 12 mil millones de años, en una época en la que el Universo era más de tres veces más pequeño que en la actualidad. 

Por ello, su hallazgo sugiere que la formación de superluminosas era un fenómeno más frecuente en las primeras etapas de la historia del Universo que en la actualidad, lo que las convierte en un objeto de estudio interesante para comprender la diversificación que tuvo lugar tras el "Big Bang". 

"Poco después del 'Big Bang' sólo había hidrógeno y helio en el Universo. El resto de elementos que podemos ver alrededor de nosotros hoy en día, como el carbono, el oxígeno o el hierro, fueron producidos en el núcleo de las estrellas durante las explosiones de las supernovas", detalló Cooke. 

Así, las primeras estrellas en aparecer tras el "Big Bang" produjeron los materiales necesarios para el largo proceso de formación del Universo, que dio lugar a una gran variedad de galaxias, estrellas y planetas. 

Aunque estas supernovas probablemente no pertenezcan a la primera generación de estrellas del Universo, se considera que los científicos se encuentran cada vez más cerca de poder observar los astros.

"Nuestros descubrimientos significan que ahora tenemos los medios para detectar y estudiar la muerte de las primeras estrellas y comenzar a entender este proceso desde el principio", agregó el investigador

lunes, 29 de octubre de 2012

¿Agua líquida en Marte?

Según palabras textuales de los investigadores que llevaron a cabo esta investigación, el agua encontrada en Marte, se trata de agua salina, agua con una gran cantidad de sedimentos o agua ácida, pero es H2O.


La conclusión a la que han llegado un grupo de científicos de la NASA  tras finalizar unas fotografías obtenidas por la "MGS" es que el agua líquida discurre por la superficie del planeta rojo. Esto implica la posibilidad de existencia de algún tipo de vida microbiana.

Aparición de nuevos cráteres
«Si usted viviera en Marte, la probabilidad sería de que, en 10 ó 20 años, ocurriría un impacto lo suficientemente cerca de usted como para que lo notara: quizá lo escuchara y diera un salto en el asiento», dijeron los representantes de la NASA en una nota de prensa. A pesar de la larga misión de la 'MGS', no fue hasta el 9 de enero de 2006 cuando los investigadores vieron un cráter en una foto tomada por la Cámara de Órbita de Marte tres días antes.

No como los afloramientos de agua, éstos cráteres son visibles porque el terreno en sus inmediaciones es mucho más oscuro que en el resto de la superficia del planeta. «El tamaño de los cráteres que hemos visto corresponde a unos abiertos por meteoroides de entre unos pocos centímetros y 2 ó 3 metros», explican Michael Malin y sus colaboradores en las páginas de la revista 'Science'.